クリスマス の てがみ

Kurimasu no Tegami

(Carta de Navidad

 

      Supongo que como es menester, cada año, en torno a las fechas que se avecinan, tenemos la manía (Aquellos para los que el reflexionar es mas que un momento entre al realidad y el desquicio) de sumirnos en una extenuante y profunda meditación sobre los acontecimientos que nos han conllevado este ultimo lapso de tiempo que ha transcurrido desde nuestra ultima meditación anual. Victimas claro de las vísperas navideñas con todo y lo que ello conlleva.

      Digo, si bien para los amantes del pensamiento, bastan 15 minutos en la mañana y un café caliente para suministrarnos de nuestra dosis diaria de raciocinio, bastan las campanas de tan celebre temporada para acecharnos dentro de una camada de ideas y preguntas que solo el pensamiento puede responder.

      No es menos cierto que así como nosotros nos damos el lujo de hacer semejante cosa, muchos no lo hacen y me doy el lujo de aclarar que no hablo sobre reflexiones sobre dinero, la navidad debiera de significar más que eso, pero no es así. Inclusive, la figura más recalcitrante de semejante época, no es mas que un gordo bonachón el cual por cierto, en su enorme barriga, refleja no otra cosa que la abundancia, cual barriga que el mismo Baco se hacia lucir por el olimpo. Pero la realidad es otra mucho muy distinta.

      Si bien, ahora me permiten, se darán cuenta de que por fin me encamino hacia el punto crucial de esta reelección navideña: La Realidad.

      La Realidad tal cual es no tiene nada que ver con la realidad tal cual la pintamos o la realidad tal cual nos hacen creer, y menos aun si somos lo suficientemente torpes como para creérnosla. Pero ¡Hey!, que más da, los cascabeles tintineantes de Santa Claus se encuentran a la vuelta de la esquina, el Maratón Lupe-Reyes apenas comienza, vienen los regalos, los abrazos, el licos, la comida, la ropa, el licor, los juegos, los intercambios, el licor, las posadas, la oración, el licor, la letanía, los dulces, el licor, las piñatas, los foquitos, el licor, los árboles, los nacimientos, el licor, los aguinaldos, los preparativos, el licor… si algo me falto, agréguelo mentalmente por favor.

      La temporada festiva tal cual es la Navidad es un excelente inhibidor de la realidad tal cual es, y no es que yo me quiera adueñar del prospecto de la realidad, la realidad es una misma y esa no cambia jamás, podemos hacerla relativa, podemos limitarla, incluso podemos excluirla, pero esta no cambiara y dependerá de cada uno el someternos a ella o el no hacerlo.

      Pero la realidad, para nuestro disgusto es la misma. Hace unas horas, me entere de que una querida amiga y ex-novia tomo la decisión de casarse. Digo, sin miedo a equivocarme que esta a punto de cometer uno de los errores que más lamentara en toda su vida. Quise intervenir casi de inmediato, quise hacer algo por hacerla cambiar de parecer, pero después del estallido breve de euforia ante la noticia, ese raciocinio del que tanto presumo se hizo presente y me develo otra realidad tal cual es: No tengo por que.

      Independientemente de cuanto la estime o cuanto la trate, esa es una decisión que ella ha tomado y no tengo por que tratar de hacerla cambiar de parecer. Indiferentemente de las miles de maneras que se pueden interpretar de mi inocente intención, he de aclarar que otra de las crueles reflexiones que me ha dejado la vida con mal sabor de boca es: No tengo por que sacara otros de sus errores.

      La ignorancia, como otros males (La Depresión, La Indiferencia, La Madures [Si, la Madures también es un mal cuando te roba aquello que te pertenecía y que lo esta devorando tan rápido: La inocencia y la Felicidad] La Necedad, La Ceguera, ETC) es una decisión propia. Cada uno sufre tanto o cuanto lo desea. Así también, cada uno ignora tanto o cuanto lo desea.

      Es triste, para mi, en una buena parte, darme cuenta de semejante noticia, siento que yo trate de dejarle algo de mi aprendizaje en sus manos antes de alejarme de ella, y ahora me doy cuenta de que, efectivamente, no tomo nada de mi, salvo quizás pequeñas e insignificantes rencillas que no tiene caso tratar. Pero todo mi deseo de dejarle algo bueno dentro de su sistema de idearios, vaya que no le quedo nada.

      Ahora, ustedes me recriminaran algo así como “¿Que derecho tengo yo de juzgar los actos de las demás personas?”  O peor aun “¿Con que derecho me atrevo a decir que su decisión de casarse es un mal para ella misma?”. Pues bien, no es mi intención sonar arrogante ni mucho menos hacerme el lucido papel del sabio, pero es un hecho que los matrimonio s jóvenes no sobreviven y menos cuanto tratamos con problemas personales que hacienden a una compleja estabilidad emocional, además, si hablamos de las situaciones en personal (las cuales tampoco tratare aquí, por que esto no es un chisme, es una reflexión) nos encontraremos que a la problemática que se le enfrente, el matrimonio no es una solución, es querer tapar un problema con otro.

      Ahora, a donde demonios pretendo ir con todo esto o por que diantre abro mi reflexión navideña con semejante introducción. Pues bien, esta es la respuesta.

      Después de meditarlo mucho, me he dado cuenta de que no me he equivocado. La gente es mala. La Naturaleza humana es la estupidez por excelencia (Y no solo lo digo o de lleno, no lo digo por la boda de mi amiga). Hablo de mal como se habla de equivoco, no de malévolo, que si bien la gente también es malévola, el mal malvado requiere de sapiencia, el mal equivocado, solo requiere estupidez, que en la humanidad común es un don.

      Debo decir que me siento bastante triste, pero es un hecho que así es. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que la mayoría de la gente no escucha cuando debería de hacerlo y sin embargo memoriza cosas insulsas o completamente inútiles para su desarrollo social como: Chismes, noticias, historias de televisión, recuerdos de objetos o artefactos irrelevantes a su vida cotidiana.

      Pero cuando uno de verdad trata de que le presten atención, cuando uno trata de dejar algo profundo dentro del corazón de las demás personas, es cuando mas somos ignorados. Y no solo lo digo por mi amiga, es una observación en general.

      Es triste darse cuenta de ello, de que al final, en una buena manera, estamos solo, tal cual lo decía el filósofo español Ortega y Gasset: puedo verme acompañado de la calida persona de mi mujer, pero cuando me recuesto a dormitar, me veo envuelto en un vació de soledad que es el que se encuentra dentro de mi mismo, por que en el fondo, dentro de nosotros mismos, estamos solos.

      Para combatir esa soledad es que nos damos a la ardua tarea de hacernos sociables, de hacer amistades o enemistades, de vernos envueltos en este mundo, por que si nuestra naturaleza interna es solitaria, entonces todo preámbulo de vida pierde sentido. Por que todo el universo se limita a mi y mi soledad, y todo lo que queda fuera es innecesario, irreal o irrelevante a mi yo. Pero no nos perdamos tan rápido en la palabrería filosófica. Esto solo sirve para excusarme un punto más: El Sentido de las cosas.

      Las cosas, desafortunadamente no tienen sentido alguno. Esa es otra de las crueles reflexiones que uno tendrá que hacer merma a lo largo de su vida. Si nos sometemos a un simplismo estricto, todo pierde sentido y he aquí que se los demuestro.

      Piense usted en un objeto, el que usted quiera. Ahora, piense para que sirva ese objeto y píenselo. Escogeré unas tijeras para mi ejemplo.

      Las tijeras sirven para cortar, eso es un hecho, pero si sentido cual es: ninguno. No tiene sentido la existencia de las tijeras por que su sentido convertido en utilidad se lo doy yo.

      Así pues, las cosas, no tienen sentido, el sentido de las cosas se las damos nosotros en función de aquello que pueden hacer por nosotros y cuanto útil nos resulta eso.

      Sin embargo, por silogismo, así como las cosas carecen de sentido y el sentido es algo humanamente atribuible, la vida también carece de sentido y el sentido de la vida es algo humanamente atribuible.

      Cuarta verdad despiadada: La Vida no tiene sentido, el sentido de nuestras vidas se lo damos nosotros al posicionarnos en una situación donde la función de nuestras existencias se transforma, por decisión humana, en nuestro sentido de vivir. Vivimos por que queremos, hacemos lo que queremos y justificamos nuestros actos en razón de que es: O Nuestro deber, Nuestra Misión, nuestro Camino, Nuestro Desarrollo, llámelo como desee, pero esa es otra realidad.

      La vida carece de todo sentido, píenselo, nacemos para morir (si es usted un amargado pesimista) o nacemos para vivir (si es usted un ingenuo positivista) pero igual, la muerte es el destino final. ¿Cuál es entonces el sentido de la vida si no volver a la nada de la que hemos salido?

      Aclaro que no tengo la intención de someterme a un debate teosófico sobre la existencia de un dios, un cielo y un infierno, puesto que esto se convierte, sin importar, indiscriminadamente, la religión, culto, secta o creencia que usted profesa, en un justificante mas de nuestra vida, la búsqueda mística insaciable de concederle un sentido mas metafísico a nuestras vidas, pero de nueva cuenta, salimos del grandísimo para volver a el, resultado: carencia de sentido.

      Por ende, todo lo que hacemos en la vida, día con día, año con año, mes con mes, segundo con segundo, carece de sentido.

      Usted dirá que es absurdo, pero en realidad no lo es. Vivir es, contrario a lo que se cree, no un regalo, es un martirio. Si bien las experiencias de la vida se convierten en un vino satisfactorio de cosechas intelectuales a posteriori, no menos cierto es que estas mismas experiencias, aunadas a nuestros recuerdos y otros cargamentos tanto espirituales como intelectuales, son los que no atan a la idea del vivir y nos alejan tanto de la de morir que le tememos. Cobardemente le tememos.

      Aquí esta la quinta verdad inaudita de esta mísera vida: nos aferramos tanto a tantas cosas tan irrelevantes, que nos aterra la idea de morir por miedo a perder lo que por un principio no es nuestro.

      Lo único que de verdad nos pertenece es esta vida, tan cruel como sea posible, tan dulce como desee serlo, vivir es la única posesión verdaderamente nuestra. Y detenerla es ingesta decisión mas sagrada, ya sea por bien o por mal.

      Aquí haré un paréntesis para atacar a los detractores del suicidio, independientemente de las ideas que ellos puedan usar como escudo contra tan complicada salida, difiero en un singular punto al respecto de ella. Si bien es cierto que es una salida rápida, difiero que sea una salida fácil o cobarde.

      Si bien es cierto que es una manera de huir de los problemas, sin solucionarlo, el suicidio no es fácil ni tampoco cobarde. No es fácil atentar contra la propia vida, terminar con aquellos remilgos que mencione hacer un momento, aquellas cosas de las que nos adueñamos y hacemos propias, es temible, es difícil y temible arremeter contra lo propio y sacro como al vida misma. No tiene nada de cobarde, no es fácil.

      Cuando ves la sangre correr, cuando sientes tu propia sangre surgir y escapar de tu piel, caer, derramarse, comprendes las cosas de un sentido diferente, no es lo mismo, no es igual, es mucho mas complicado de lo que parece. Vivir o morir cobra un nuevo sentido, cuado es tu sangre la que se derrama, cuando es tu vida la que huye, ves las cosas de otra forma, y tiendes a valorarlas de diferentes maneras.

      Por ende no el veo nadad de cobarde ni de fácil al suicidio.

      Pero no me crean a mí, tampoco lo intenten (Si en verdad no lo desean). Vivan o mueran, que en todo caso son verbos similares, por que uno implica el otro.

      Morir es quizás el mejor de los regalos que podemos obtener, en un sentido más estricto, es lo único que de verdad poseemos en el terraplén de nuestro existencialismo.

      Morir es lo único verdaderamente nuestro y para mejorar, nuestra muerte nos pertenece solo a nosotros, podemos vivir o morir, incluso, para aumentar al calidad de nuestra vida, morir también es nuestra elección. La muerte, nuestra muerte, no solo nos pertenece, sino que además podemos esperarla en un asiento de junco, junto a la mesa en compañía de un café o adelantar su llegada.

      Sin embargo la gente teme tanto a morir, como si quisieran vivir tanto. Vivir por siempre es lo peor que nos podría pasar. Píenselo, ¿Desea usted realmente vivir por siempre? Yo no lo creo.

      Hacer frente todos los años, uno tras otro, por toda la eternidad, a los mismos problemas, las mismas realidades, las mismas problemáticas y esto sin fin. Eso si que me aterra.

      Finalmente debo decir que me siento especialmente conmovido esta temporada por los recuerdos, (Si, esos que no nos dejan vivir y que nos atan al morir a este infernal mundo). No se si le suceda a usted ultimadamente, pero a mi me sucede con frecuencia (En estas temporadas, en mi cumpleaños o en otras de la magnitud).

      ¿Recuerda usted cuando era niñ@? ¿Recuerda que es lo que mas deseaba en el mundo? ¿Cuánto ha hecho para lograrlo? ¿Cuánto ha conseguido? ¿Cuánto ha perdido? O peor aun, una pregunta mas profunda que quiero que medite muy bien: Considerando todo lo que usted ha pasado, sacrificado, sufrido y cargado, en un sentido estricto y lo mas imparcial posible ¿Hubiera nacido otra vez solo para pasar lo mismo tal cual sucedió su vida? Sin cambiar nada ni modificar nada, ¿lo volvería a hacer? ¿Nacería otra vez? O mas fácil ¿Desearía haber nacido, considerando lo que sabe ahora? Y si hubiera tenido opción, ¿Lo habría hecho? Si hubiera podido elegir, habiéndole explicado el mundo tal cual es ¿Hubiera venido al mundo de todas formas? ¿Son las experiencias buenas, lo suficientemente buenas como para justificar las malas? ¿Son las experiencias malas lo suficientemente malas como para opacar a las buenas? ¿Tiene todo esto algún sentido? No.

      Es cruel, pero no, todo sigue careciendo de sentido, nada importa al final, usted vino a este mundo, pago caro las cuotas por vivir en el y al parecer, a veces, lo empeora tomando las decisiones equivocas.

      La gente es mala, esa es la conclusión final, la gente te decepciona, te traiciona, te miente, te abandona, te olvida, te ignora, a la gente no le importas, por el simple hecho de que careces de sentido, y cuando eso sucede, has muerto para la gente, hasta que esta se vea en la necesidad de revivirte otra vez, entonces volverás a jugar papeles dentro de ella, pero para tu infortunio, al gente es interesada e ingrata, ella jamás valorara lo que hacer por ella y al final, tampoco lo agradecerá. Si le das lo que quiere, abusara, si le das lo que necesita, será ingrata. Si no le das nada, te lo reclamara, si les das todo, nada te retribuirá. Si le pides, no ayudara (La rima esta desproporcionada y es desinteresada). El resultado: La Gente es mala, necesaria pero no indispensable (Sexta verdad despiadada).

      Finalmente no les robo más tiempo de sus irascibles vidas, vívanla lo que quieran o muéranla cuando lo deseen, es su decisión. Solo quería manifestarles las anteriores reflexiones que surgieron con motivo de las fechas conmemorativas.

      Pro ultimo me despido y les digo no les enviare mensajes de paz, de amor y de felicidad, eso es algo que ustedes pueden conseguir solos, les envió este mensaje de sensatez, reflexión, análisis y razonamiento.

      Cuídense bien y festejen como dios manda.

 

      Sayounara, mata keshite.

             Omedetou Kurisumas…
 
 

緋村

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